Una enorme A en llamas marcó el inicio del estreno mundial de “Avatar: Fire and Ash”, la tercera y más larga película de la saga, con tres horas y quince minutos de duración. La gran duda en la alfombra roja era si lograría repetir los miles de millones recaudados por las dos anteriores.
Tras la proyección, la sensación fue unánime: tiene todo para convertirse en una de las cintas más taquilleras de la historia y aspirar al Oscar a mejor película, como ya hicieron sus predecesoras. Aunque James Cameron solo ha ganado ese premio por “Titanic”, las dos primeras “Avatar” ya suman cuatro Oscar técnicos.
En esta entrega, el director profundiza en los lazos familiares, las nuevas alianzas y los grandes conflictos de los Na’vi. Cameron aseguró que es la película más emotiva de la saga y defendió el valor del trabajo actoral frente al temor de que la tecnología o la inteligencia artificial reemplacen a los intérpretes. Recordó que filmar las películas dos y tres requirió dieciocho meses de captura de actuación, un proceso totalmente físico.
La tecnología vuelve a Pandora más real que nunca: flora, fauna, agua y fuego alcanzan un nivel visual impresionante, especialmente en 3D. Críticos destacan que la historia aborda temas más maduros y complejos, señalando que la audiencia también ha crecido desde la primera entrega.
Concebida incluso antes que “Titanic”, la visión de Cameron finalmente se materializa con una ejecución que muchos califican de majestuosa.