La equinococosis quística, conocida popularmente como hidatidosis, es una enfermedad parasitaria que afecta tanto a animales como a seres humanos, y que en los últimos años ha vuelto a generar preocupación.
Transmitida principalmente a través de perros infectados, esta patología puede permanecer años sin síntomas visibles, dificultando su diagnóstico y tratamiento oportuno. Según datos oficiales, entre 2019 y 2023 se notificaron en promedio 470 casos anuales.
La enfermedad se origina a partir de un parásito llamado Echinococcus granulosus, cuyo ciclo de vida involucra a los perros como hospedadores definitivos. Al defecar, los animales liberan huevos microscópicos que contaminan el ambiente: tierra, agua, verduras y hasta su propio pelaje. El contacto directo o indirecto con estos elementos es la vía principal de transmisión a humanos.
Los quistes que genera el parásito se alojan en órganos como el hígado o los pulmones, creciendo lentamente hasta alcanzar tamaños importantes. Muchas veces, el diagnóstico llega en la adultez, pese a que el contagio ocurrió en la infancia.
La doctora Susana Lloveras, del Hospital Muñiz, explicó que la hidatidosis “es una enfermedad crónica que puede ser asintomática por años y luego derivar en cuadros complejos”. Señaló además que el mayor riesgo está en zonas rurales, donde persiste la costumbre de alimentar a los perros con vísceras crudas de ganado.
Las medidas de prevención son simples pero fundamentales: desparasitar a los perros cada 45 días, evitar el contacto con vísceras crudas, asegurar el lavado adecuado de frutas y verduras, y promover el acceso a agua potable.
La hidatidosis no se contagia de persona a persona, pero cada nuevo caso revela las falencias estructurales que persisten en ciertas regiones. La combinación de hábitos culturales, falta de controles sanitarios y condiciones ambientales deficientes mantiene activa esta amenaza silenciosa que puede evitarse con información, prevención y compromiso comunitario.